Mostrando entradas con la etiqueta Personajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Personajes. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de junio de 2014

IMBÉCIL:

Uno de los personajes más característicos de la novela es este personaje secundario, que aparece a lo largo de toda la historia. Un personaje invisible a ojos de Andamana, que lo trata con desprecio e indiferencia, pararrayos de su mal humor, siempre temeroso del carácter irascible de su ama y dispuesto a huir y quedar fuera de su alcance cuando la situación así lo aconseja.

"(...)
– ¿Qué ocurre, Señora? –se oyó decir.
–¡Apaga la luz, imbécil! –respondió airada, retorciéndose asqueada y furiosa.
Imbécil, era un ser rechoncho y bajito, con los ojos casi fuera de sus órbitas. El rojiblanco de su piel y sus canas caracterizaban la parte visible de su cuerpo, que sobresalía más allá de su cuello encorbatado. Posiblemente ya no recordaba su nombre, simplemente era Imbécil. Ni siquiera sabía ya cuántos años de vida llevaba soportando estoicamente el desprecio y el mal humor de su ama, ejerciendo las funciones de mayordomo y criado para todo. A sus sesenta y tantos años se apresuraba, cojeando, a llegar hasta la puerta. Tras cerrarla, se pudo oír un suspiro. Al fin y al cabo,  Imbécil había corrido mejor suerte que la vieja araña. (...)"

domingo, 17 de febrero de 2013

Tinguifaya


"(...)Al llegar hasta el caserón, Andamana vio una cruz sobre la puerta del muro, no había otra igual, era tal y como había contado Louisa. Sin saber por qué, Andamaba se estremeció y se oyó un profundo suspiro, como si hubiese tardado en salir media vida. Nuevamente se estremeció cuando oyó un chirrido, mientras seguía de pie, sin dejar de mirar la puerta a escasos metros. La puerta se abrió lentamente, como si fuese la primera vez, como si estuviese esperando, cansada pero paciente, que cayese la pesada ristra de largos años que colgada sobre ella para poderse abrir.
La vieja salió con dificultad, con el balde en la mano, y, agarrándose a la pared, subió calle arriba. Sus gruesas piernas, cansadas de tantos sinsabores, parecían estar hechas de venas reventadas que se enredaban entre ellas y, como con un gracioso baile cortesano, se desplazaban lentamente, haciendo oscilar exageradamente aquel cuerpo encorvado, pintado por canas entristecidas, que salían del pañuelo negro. Sus ropas casi no se distinguían, como si fuera parte de su piel seca y escamada. Andamana la siguió, bastó unos metros para alcanzarla (...)"